Me gradué _ Reflexión _ Registro fotográfico

Me gradué _ Reflexión _ Registro fotográfico de Quinaya Qumir, UTP, Fabian Marín, Diego Gómez y Jacobo Gutierrez

Mi relación con la educación

Siempre me hé caracterizado más por observar que por hablar, pero este es un momento pertinente y necesario…

…Gracias a encontrarme con situaciones, personas y escenarios en los que la diferencia es la base que construye una sociedad amable y pensante, en la que sus individuos interactúan con respeto y libertad, comprenden la condición constante de dinámica transformación del universo, y por ello se transforman a sí mismos y a su entorno frecuentemente, y en la que la expresión humana es posible y se entiende además como subjetividad que siente, interpreta y comprende el contexto próximo, eliminando así una objetividad dogmática que refiere la normalización de los comportamientos, cambiandola por acuerdos inter-subjetivos para convivir en el conocimiento y en el amor… Gracias a todo esto es que, a diferencia de mi -yo- anterior, ahora valoro en gran medida un logro académico que alcancé atravesando un bosque de aventuras y experiencias que me transformaron profundamente y son la base de mi construcción actual y mi proyección de porvenir.

Mi recorrido por la educación_

El fuego nuevo

En mi infancia no amaba a la educación, precisamente por percibir que la sociedad solo formada personas pedantes y arrogantes que demostraban su poder pasando por encima de otros y tenían como fin último tener mucho dinero.
Desde ese momento quise convertirme en otra cosa; no sabía qué precisamente, pero no me sentía comodo con lo que me estaban ofreciendo.
Así pasé los años consiguientes intentando entender por qué nos comportabamos de esa manera y buscando otras formas de ser, sin saber muy bien cómo lograrlo. Solo podía seguír observando…

…Mi impulso de rebeldía adolescente y mi personalidad impulsiva me llevó a arriesgarme para buscar otros espacios y situaciones en dónde tal vez encontraría alguna transformación. Exploré diferentes espacios, desde centros religiosos hasta aventuras callejeras, de todo extraí un poco.

El fuego creciente

Daba resultado, pues se reflejaba en pequeños cambios en mi actitud e imagen; visual y sonora. Me escuchaba y veía diferente, lo que me decía que estaba pensando diferente. El problema es que no entendía qué era eso diferente que estaba pensando, no lo tenía muy claro, solo deambulaba confundido transformandome según lo que vivía pero no podía hacerlo consciente.

Mi relación con la educación formal seguía siendo la misma.
En ese momento solo lograba entrever a la educación como potencia transformadora en esas experiencias informales que se volvían mi cotidianidad.

En ese estado de mí, ingresé confundido al pregrado de ingeniería mecatrónica de la Universidad Tecnológica de Pereira. Estuve solo por un semestre interesado en las habilidades técnicas electrónicas que desarrollaría.
Me dí cuenta que en mi dimensión humana necesitaba más fortalecer mis habilidades comunicativas ya que por mi personalidad análitica y observadora más que social no había aprendido muy bien mis formas de interactuar con otros. Fue así como decidí ingresar al pregrado de Licenciatura en Comunicación e Informática Educativas de la misma universidad.

Efectivamente la interacción con otros ayuaba a mi deseo inicial de transformarme, pero lo hacía de la misma manera en que lo venía haciendo, sin ser consciente y sin entender muy bien qué era eso que estaba pensando.

El fuego menguante

Fue en ese momento que entré en una crisis profunda en la que la incertidumbre de no encontrar un camino consciente de transformación y percibir individuos que se alienaban tarde o temprano, mis comportamientos empezaron a «normalizarse».
Mi imagen comenzó a integrarse al común denominador, mi interes académico seguía desvanesiendose y se reflejaba en mi desempeño calificativo, tanto así que llegué a perder un semestre del pregrado e inicié prácticas laborales que no me satisfacían pero correspondían a la estabilidad cotidiana.

De esa manera pasé un corto pero eterno periodo de mi vida de apróximadamente 3 años y medio en los que sin pasión de nada me construía dentro de lo más establecido de la sociedad.

El fuego potente

Aún así dentro de mí hervía el deseo de transformación que me mantenía abierto a las posibilidades. Fue esa semilla la que poco a poco fue acumulando información, conocimiento y formas humanas de expresión y al final de esos 3 años y medio algo explotó en mí. No entendí muy bien cómo, ni por qué, ni para qué, pero de repente volvió la curiosidad por el mundo y la vida; quería explorarlo todo de nuevo.

Así regresé a mí.
Empecé volviendo entusiasmado a las aulas con la convicción de aprender. Apasionadamente me sumergí con las clases nutridas de información, pasaba de largo algunas tediosas en las que no sentía atracción por su monotonía y falta de riesgo. Temas de análisis llegaban a mí para abrazarme y acompañarme por los caminos de microproyectos exitosos y fracasados que emprendí. En ellos buscaba tomar todas las posibilidades de ruta para encontrar una pequeña diferencia en el mundo habitual de la educación. Y ahí estaba.
Escondida detras de las palabras y oculta por las personalidades perezosas guardianas de la tradición. La diferencia práctica de la educación estaba sumergida en el fondo de la teoría; me hablaban de cómo educar y educarme en las aulas, en una educación ya formalizada y formas ya establecidas.
Pero esa pequeña diferencia existía en otras pequeñas formas más resbaladizas y sigilosas, eran acciones cotidianas que se guardaban en mi inconsciente y me moldeaban poco a poco haciendome ser, ciega de mí misme. Debía llegar a ellas atravesando los obstaculos de la razón que ocultaban las estructuras más arraigadas de mi pensamiento.

Ahí el aprendizaje de mí tomó sentido, ahora sabía por qué quería llegar al fondo de mi pensamiento: quería transformar mi cotidianidad, las pequeñas interacciones que conformaban mis días y mis imaginarios del mundo que habitaba. El único camino era mi cuerpo mismo, ubicandolo en espacios donde no había estado, que era fácil para mí personalidad impulsiva, cuestionando todas las formas en las que hacía y estaba en el pedacito de mundo que era mi perspectiva.

Aprendí más a amar la vida en ese momento.

El fuego presente

Gracias a estos pasos apasionados hacia lo otro, encontré en mi vida la luz más brillante que mis ojos han recibido…
Mi curiosidad social me llevó por la invitación de un querido ser humano semicercano a un pequeño rincón en el universo en el que veían cine recurrentemente para alimentar su experiencia de mundo: LaCaja CineClub

– – La invitación proponía ir de «gala», lo que yo entendí erradamente debido al vocabulario callejaero popular_ Gala=Consumidor de drogas en situación de calle ( Risas ). – –

Desde la primera noche el portal de luz me atrajo y provocó. Yo me ubiqué en posición de observadore, en una danza festiva de mis ojos que recorrían en movimientos disimulados el espacio en busca de la fuente.

Esa noche no llegué hasta ella, sucesos posteriores nos re-encontraron, pero aún de forma distante.

Algunos meses más adelante otro espacio de la ciudad se activó: Laptop Festival. Mi mejor amigo de ese entonces, Juan Camilo Sierra me invitó a un LiveCinema del festival y sin esperarla allí, ví otra vez a esa increible luz que me desbordaba los sentidos. Compartí con ella los 3 días del festival, hasta la fiesta de cierre a la que no podía asistir por un resfriado.
Pocos días después me dí cuenta que cumplía años, no aguanté el impulso y terminé en su casa con una chocolatina. Deambulamos por la salida de la pequeña ciudad que habito y al volver, intercambiando risas y palabras, en la esquina del parque de alamos lleno de neblina cortada por la luz de una lampara que estaba cenital a nosotros, me lancé hacia sus profundos labios, de los que no he vuelto a salir…
Amé y me amó de inmediato, allí comenzamos a compartir nuestros pequéños pedacitos de mundo y se convirtió en un impulsó más en mi camino hacia la transformación.

Regalo de fuego inesperado

Ella llegó a mí con la luz que fluía por sus ojos, esa erá la luz que yo había percibido y que me guiaba.
Esa luz venía llena de conocimiento, de cine, de arte, de algo tan otro que me removía el pensamiento. Sentí tanto con ella que me empezaba a dar cuenta de dónde surgía ese deseo intenso de transformarme.

Paralelo a ella, gracias a mis transformaciones académicas, también había conocido algunos caminos en mi pregrado que me llevaban hacia el conocimiento de la alteridad. Eran puntos de fuga – idea que aprendí justo en esos caminos – que me permitían evadir los obstaculos del pensamiento.
En esos lugares habían unos guías apasionados por aprender, tanto que con su experiencia recorrida me transmitían esa curiosidad y alimentaba mi deseo.
Esos caminos se iban construyendo casi misteriosamente. Se convertían en puentes que me llevaban a otros pequeños espacios en el universo donde tenían la curiosidad de aprender cómo recorrer la vida con el cuerpo y sus sentidos; para interpretarla, comprenderla y crearla como expresión del mismo cuerpo, y reconociendo que no existe otra forma más apasionante de estar en ella.

Fuego de inicio

Así fuí terminando la aventura de un pregrado; acompañado por la luz, la estética, la comunicación, la educación, el arte y la información que gracias a mi deseo encendido y más intenso que nunca, me permitió empezar apenas un camino hacia una transformación consciente, de mí y de mi mundo. Una tranformación que no me llevará a ser, sino a hacer y estar en el lugar que habite, en el que comprenda que nada es en sí mismo; todo, como el univeso, está en constante auto-trans-formación.

En este último tramo del recorrido viví experiencias de profunda significancia en mi vida. Una de ellas fue un proceso de separación de mis padres que me llevó a convivir con mis madres de nuevo como en mi infancia y adolescencia. A conocerlas de nuevo y aprender a amarlas más, conocer mi yo infante y adolescente como si volviera a pasar por esos tiempos. Esa también fue la oportunidad de acercarme un poco a mi papá, y en mi primera toma de yagé esto se hizo más evidente. Me visualicé como un ave que volaba con un ala herida. Esa ala era la relación paternal que había construído con él en mi infancia y se había averiado en mi adolescencia.

Las brasas del fuego

Ahora aprendí que lo que me impulsa a la transformación de mi pensamiento es el amor que tengo por la vida, por los seres humanos y sus expresiones poéticas de todas las tonálidades que permiten experimentar las condiciones de existir en las distintas perspectivas de pedacitos de los mundos que habitan… Y ahora sí, por la educación.

Por todo esto ahora le agrazco a todas las personas que me han dado amor en sus diferentes formas; físico, psicológico, conceptual y creativo. Especialmente a mi mamá, que fue la que me enseñó a amar.

Espero dar amor en todas las formas posibles al mundo, amor que en alguna persona encienda su semilla de la transformación. O simplemente que genere bienestar y mejores relaciones con la alteridad.

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